La tecnología en la Educación: guiada o no guiada

La tecnología en la Educación: guiada o no guiada

Los gobiernos de América Latina, en las últimas décadas, han estado implementando una serie de iniciativas para mejorar la calidad de la educación. ¿Se han conseguido con estas inversiones los resultados esperados en la mejora del proceso de aprendizaje de los alumnos? ¿Qué tipo de tecnología en los programas de educación es más propicia para estimular tal aprendizaje?


El siguiente artículo ha sido escrito originalmente para WISE ed.review. Para leer el artículo original en inglés, haga clic aquí. Sigue la actualidad de WISE en @WISE_es.

cristiaJulián Cristiá

Economista

Departamento de investigación, BID

elena-arias-22627Elena Arias Ortiz

Educación SCL/EDU, BID

 

Los gobiernos de América Latina, en las últimas décadas, han estado implementando una serie de iniciativas para mejorar la calidad de la educación. En particular, se han realizado grandes inversiones para introducir la tecnología en las escuelas. En los últimos años se han distribuido a los alumnos de las escuelas públicas de la región unos 10 millones de ordenadores portátiles. ¿Se han conseguido con estas inversiones los resultados esperados en la mejora del proceso de aprendizaje de los alumnos? ¿Qué tipo de tecnología en los programas de educación es más propicia para estimular tal aprendizaje?.

Hay un sinfín de maneras en que la tecnología puede ser integrada en las prácticas de la enseñanza. Sin embargo, mantenemos que es útil clasificar los programas en dos grandes categorías. Aquellos que proporcionan una orientación clara sobre la frecuencia y tipo de uso previsto pueden considerarse programas de uso guiado. Por contra, los programas que se centran principalmente en el suministro de recursos (ordenadores, Internet, formación general) y que proporcionan poca orientación sobre cómo usarlos, se consideran programas de uso no guiado. Para poner en práctica este concepto, clasificamos un programa como uso guiado si se define específicamente el tema objetivo (Subject), el software que se utilizará y el tiempo de uso semanal (Schedule). Es decir, un programa de uso guiado especifica las tres S: Subject, Software y Schedule.

Un ejemplo de una iniciativa que no guía el uso es el programa One Laptop per Child (OLPC) de Perú. En los últimos años, el gobierno de Perú distribuye regularmente portátiles personales para alumnos de primaria de las zonas rurales. Los profesores recibieron una capacitación de una semana y ordenadores portátiles personales. Sin embargo, escasamente recibieron orientación específica sobre cómo dichos ordenadores deben integrarse en las prácticas pedagógicas. Una evaluación posterior mostró que este programa no tuvo efectos medibles en matemáticas y lengua.

Por contra, un programa implementado en las escuelas primarias de la India siguió un enfoque muy diferente. Proporcionó a los alumnos dos horas semanales de uso del ordenador, centradas en matemáticas y usando un software que adapta la dificultad del ejercicio personalizada a cada alumno. Nuevamente una evaluación posterior ha documentado que este programa tiene grandes efectos positivos en el aprendizaje de matemáticas. Pero, ¿se pueden generalizar estos dos ejemplos? Es decir, ¿tienden a ser significativamente más eficaces los programas que guían el uso?

Hace diez años habría sido difícil responder a esta pregunta, ante las pocas pruebas de las evaluaciones experimentales a gran escala y con rigor (el estándar de oro para medir los efectos del programa). Esto ha cambiado. En los últimos años, 15 evaluaciones se han llevado a cabo en los países en desarrollo, poniendo luz significativa sobre los efectos de la tecnología en los programas de educación.

En el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hemos revisado críticamente esta evidencia emergente para entender los impactos que se pueden esperar de estos programas y cómo maximizarlos. Este ejercicio ha sido parte de un análisis exhaustivo realizado para proporcionar recomendaciones sobre los programas que el BID debe promover en este ámbito (haz clic aquí para ver el informe completo).

Nuestro análisis reveló que los resultados de los dos ejemplos descritos anteriormente han destacado un patrón general: los programas que guían el uso de los recursos tecnológicos aumentan el rendimiento académico con un promedio cerca de cuatro veces mayor que los que no lo guían. La mayor eficacia de los programas de uso guiado fue documentada tanto en matemáticas como en lengua.

En general, los programas de uso guiado revisados comparten ciertas características.

1.  Las intervenciones se centran en el uso de ordenadores en las escuelas, donde los formadores pueden supervisar el uso del ordenador, no en los hogares.
2.  Los alumnos suelen compartir los ordenadores y los equipos. Este rasgo común pone de manifiesto el hecho de que no es necesario disponer de un dispositivo por alumno para alcanzar los resultados, lo que es mucho más costoso en términos de equipamiento. Hasta cierto punto, lo anterior también sugiere que los modelos que promueven el aprendizaje colaborativo pueden contribuir a mejorar el aprendizaje de los niños.
3.  Los programas tienen como objetivo fomentar los resultados del aprendizaje de los alumnos al centrarse en un solo tema (ya sea matemáticas o lengua, por ejemplo) y la articulación de todos los componentes hacía un mayor rendimiento en esa zona: infraestructura, contenido y desarrollo profesional de los docentes.
4.  La enseñanza con ordenadores es complementaria al tiempo de clase regular y hace hincapié en ejercicios prácticos, alineados al plan de estudios.
5.  Por último, se espera que, por lo general, los formadores de las sesiones resuelvan problemas logísticos y dudas sobre el software en lugar de dar instrucciones sobre el tema objetivo.

¿Cómo se comparan los efectos de estos dos tipos de programas con los derivados de otras intervenciones educativas? Combinamos nuestros resultados con los de una reciente revisión de evaluaciones rigurosas de los países en desarrollo de una variedad de programas educativos tales como reducciones en del tamaño de las clases y la formación del profesorado. Curiosamente, la tecnología de uso de guiado en los programas educativos fue la más eficaz para aumentar el rendimiento académico entre los 10 tipos de programas considerados. Por el contrario, los programas de uso no guiado estaban entre los menos efectivos (que superaron únicamente a los programas que proporcionan ayudas en efectivo para que los profesores compren libros u otros insumos locales).

Sin embargo, “no es oro todo lo que reluce”. Los programas de uso guiado varían más en sus efectos sobre el rendimiento académico que los programas de uso no guiado. Es decir, los programas guiados generan retornos educativos con un promedio más alto pero con mayores “riesgos”. En cierto modo, esto no es del todo sorprendente. Los ordenadores distribuidos a través de programas que proporcionan poca orientación no tienden a ser utilizados. Dado que los equipos no se utilizan, los efectos son bajos y similares a lo largo de todas las intervenciones. En contraste, los programas que guían el uso pueden (y normalmente lo hacen) generar grandes efectos positivos. Pero si no están bien diseñados pueden perjudicar el aprendizaje del alumno. Este hallazgo ofrece una fuerte motivación para experimentar con diferentes modelos de programas de uso guiado. También apunta a la importancia de evaluar los pequeños pilotos antes de embarcarse en la expansión a gran escala.

Por último, hay algunas limitaciones en nuestro análisis. La mayoría de los experimentos de los programas de uso guiado se llevaron a cabo en la India y China, mientras que los programas de uso no guiado se concentraron en América Latina y el Caribe (ALC). Sin embargo, aun reconociendo que los factores contextuales pueden representar cierto papel en los efectos, la evidencia sugiere que los programas de uso guiado son una opción política prometedora para los países que tratan de liberar todo el potencial de la tecnología con fines educativos. Este hallazgo tiene importantes implicaciones políticas. La primera generación de la tecnología en los programas de educación en ALC ha tenido éxito en la ampliación del acceso a los dispositivos tecnológicos en las escuelas. Lo que es fundamental ahora es que todos los actores clave en esta área (sectores público y privado, ONG’s y las organizaciones multilaterales) colaboren para diseñar y aplicar programas eficaces y escalables para hacer frente a nuestro principal reto: mejorar el aprendizaje en la región.

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