El rediseño de los objetivos de una educación del siglo 21

El rediseño de los objetivos de una educación del siglo 21

El rápido aumento de la tasa de cambio sistémico en el planeta crea un mundo incierto, complejo, ambiguo, cada vez más volátil y por lo tanto mucho más impredecible. Seis tendencias emergentes requerirán de un conjunto diverso de habilidades y competencias individuales y una mayor colaboración entre las culturas.


 

El siguiente artículo ha sido escrito originalmente para WISE ed.review. Para leer el artículo original en inglés, haga clic aquí. Sigue la actualidad de WISE en @WISE_es.

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Charles Fadel, fundador y presidente de Center for Curriculum Redesign (Centro de rediseño curricular)

Muchos han abordado cómo deben aprender los alumnos presentes y futuros. Pocos han examinado lo que los alumnos deben aprender para el siglo 21.

El rápido aumento de la tasa de cambio sistémico en el planeta crea un mundo incierto, complejo, ambiguo, cada vez más volátil y por lo tanto mucho más impredecible. Seis tendencias emergentes requerirán de un conjunto diverso de habilidades y competencias individuales y una mayor colaboración entre las culturas.

El promedio de esperanza de vida humana está aumentando y producirá cambios colectivos en la dinámica de la sociedad, incluyendo mejor memoria institucional y más interacciones intergeneracionales. También traerá consigo el aumento de la resistencia al cambio. Esto también puede llevar a consecuencias económicas, tales como múltiples carreras en la vida ya más extensa de la persona y conflictos sobre la asignación de recursos entre las generaciones más jóvenes y mayores. Este contexto requiere sensibilidad intergeneracional y una mentalidad de sistemas colectivos en el que cada persona equilibra sus necesidades personales y sociales.

El rápido aumento de la interconexión del mundo ha tenido muchos efectos, incluyendo el aumento exponencial de la velocidad de difusión de información e ideas, con interacciones más complejas a nivel mundial. El procesamiento de la información ya ha tenido efectos profundos en la forma en la que trabajamos y pensamos. También trae consigo un incremento de las preocupaciones y los problemas sobre la propiedad de los datos, la confianza y la atención global y reorganización de las estructuras sociales actuales. Prosperar en este contexto requerirá la tolerancia de la diversidad de culturas, prácticas y visiones del mundo, así como la capacidad de aprovechar esta conexión.

Junto con muchos de nuestros avances tecnológicos sin precedentes, la sociedad humana está utilizando nuestro medio ambiente a un ritmo sin precedentes, consumiendo más del mismo y desgastándolo más. Hasta ahora, nuestras tecnologías han arrancado a la naturaleza una extraordinaria abundancia de alimentos, petróleo y materiales. Los científicos calculan que los seres humanos utilizan aproximadamente un “40 por ciento del potencial terrestre de producción [planta] ” para sí mismos (Cambio Global, 2008). Lo que es más, hemos estado explotando los restos de plantas y animales de los cientos de millones de años atrás en forma de combustibles fósiles en el período relativamente corto de unos pocos siglos. Sin tecnología, no tendríamos ninguna posibilidad de apoyar a una población de mil millones de personas, y mucho menos de siete mil millones en incremento.

Si bien la creación de nuevas tecnologías siempre conduce a cambios en la sociedad, el creciente desarrollo y la difusión de las máquinas-es decir, tecnologías que pueden realizar tareas que antes se consideraban únicamente ejecutables por los seres humanos-ha llevado a una mayor automatización y deslocalización de puestos de trabajo y producción de bienes. A su vez, este cambio crea cambios dramáticos en la fuerza laboral y en la inestabilidad económica global, con un empleo irregular. Al mismo tiempo, nos empuja hacia la excesiva dependencia de la tecnología; potencialmente disminuyendo el ingenio individual. Estos cambios han puesto énfasis en las habilidades no automatizables (tales como la síntesis y la creatividad), junto con un movimiento hacia una economía maker de do-it-yourself (DIY) y un equilibrio proactivo de la tecnología humana (es decir, uno que nos permite elegir qué, cuándo y cómo basarse en la tecnología).

La llegada de las tecnologías digitales y los nuevos medios de comunicación ha permitido una generación de “big data” y trae consigo enormes ventajas e inquietudes. Conjuntos de datos masivos, generados por millones de personas, nos ofrecen la posibilidad de aprovechar los datos para la creación de simulaciones y modelos, lo que permite una comprensión más profunda de los patrones de comportamiento humano, y en última instancia, para la toma de decisiones basada en la evidencia.

 

Los avances en los soportes de prótesis, genéticos y farmacológicos están redefiniendo las capacidades humanas, mientras diluyen los límites entre la discapacidad y la mejora. Estos cambios tienen el potencial de crear “seres humanos amplificados.” Al mismo tiempo, el aumento de la innovación en la realidad virtual puede dar lugar a confusión con respecto a real frente a virtual y lo que se puede confiar. Tal cambio de fusión entre lo natural y lo tecnológico nos obliga a volver a conceptualizar lo que significa ser humano con aumentos tecnológicos y de volver a centrarse en el mundo real, no sólo en el digital.

Todos estos cambios mencionados anteriormente destacan por qué es tan importante repensar el Qué de una educación del siglo 21. Los planes de estudios de todo el mundo a menudo se han ajustado, pero nunca han sido completamente rediseñado para la formación integral de conocimientos, habilidades, carácter y meta-aprendizaje- las cuatro dimensiones de la educación definidos por el Centro de Rediseño Curricular.

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En un mundo que cambia rápidamente, es fácil permancer centrado en los requerimientos actuales, necesidades y demandas. Sin embargo, una preparación adecuada para el futuro significa su creación activa: el futuro no es lo inevitable o algo en el que nos vemos metidos. Hay un circuito de retroalimentación entre lo que el futuro podría ser y lo que quiero que sea, y tenemos que elegir deliberadamente para construir la realidad que deseamos experimentar. Podemos ver las tendencias mundiales y sus efectos creando el siempre-presente-futuro en el horizonte, pero depende de nosotros elegir participar activamente en la co-construcción de ese futuro.

Charles Fadel es fundador del Centro de Rediseño Curricular y co-autor del próximo libro: “Four-Dimensional Education” (“La educación de cuatro dimensiones”).

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