Lo que está obsoleto es el sistema de exámenes

Lo que está obsoleto es el sistema de exámenes

"El sistema de exámenes debe modificarse para poder introducir la resolución colaborativa de problemas mediante tecnología de apoyo. De esta forma, los profesores tendrán libertad para facilitar el aprendizaje por nuevas vías".


El siguiente artículo ha sido escrito originalmente para WISE ed.review. Para leer el artículo original en inglés, haga clic aquí. Sigue la actualidad de WISE en @WISE_es.

Este artículo es parte de una serie desarrollada alrededor del siguiente tema de debate: ¿La educación puede prescindir de los maestros? (parte 4 de 4).

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Prof. Sugata Mitra
Profesor de Educación de la Universidad de Newcastle

 

 

Los profesores necesitan libertad para posibilitar nuevas formas de aprendizaje

La profesión docente, tal y como la conocemos, se ha quedado obsoleta porque está pensada para un sistema de exámenes que se creó para servir a las necesidades de otra época.

La mayoría de los planes de estudio dirigidos a niños consisten en normas desfasadas procedentes del siglo pasado. Implican un énfasis excesivo en ortografía, gramática, escritura en cursiva, tablas de multiplicar y cálculo mental. Todas ellas son competencias requeridas y valoradas en el siglo pasado, principalmente para tareas de oficina. Hoy, quienes proponen tales materias, alegan que mejoran las capacidades mentales del niño. No he hallado nada que lo demuestre.

El sistema de exámenes exige al estudiante responder a preguntas sobre papel, utilizando la escritura manual. Le exige también estar solo, sin comunicarse con nadie. La única tecnología de la que puede asistirse es un lápiz y, con un poco de suerte, una regla: tecnología del siglo XVIII.

A fin de cubrir las necesidades de tales sistemas de exámenes, los profesores, sean buenos o malos, necesitan acudir a métodos didácticos del siglo XVIII, consistentes en el aprendizaje de memoria, ejercicios y prácticas y refuerzos negativos.

Finalizados los años de escolarización, al entrar en el mundo real, se espera del alumno que resuelva problemas mediante internet, que colabore con otros en la resolución de dichos problemas, que teclee y no escriba a mano; que utilice calculadoras y no la mente para calcular, que utilice correctores de ortografía y gramática mientras teclea, y etcétera.

Es decir, que se le solicita que haga exactamente lo contrario de lo que hizo en la escuela.

Por otra parte, nosotros sabemos que:

  1. A los buenos profesores suelen gustarles los empleos bien remunerados de los colegios privados. Normalmente no suelen ir a lugares distantes, pobres o peligrosos. Es decir, que no van allí donde hacen más falta.
  2. Los grupos de niños pueden aprender a utilizar los ordenadores e internet, sean quienes sean y estén donde estén, incluso, sin importar el idioma que hablen.
  3. Los grupos de niños pueden aprender muchas cosas, de hecho casi cualquier cosa, por sí mismos, utilizando internet y el debate. Sucede así siempre que no haya algún adulto supervisando.
  4. Es posible hacer aparecer a los profesores por internet utilizando, por ejemplo, Skype. Es posible permitir que los profesores controlen un robot en una ubicación lejana a la que no pueden desplazarse.
  5. Los grupos de niños pueden investigar en materias adelantándose a lo que correspondería a su edad. Al hacerlo así, parece que mejora su comprensión lectora.

 

El sistema de exámenes debe modificarse para poder introducir la resolución colaborativa de problemas mediante tecnología de apoyo. De esta forma, los profesores tendrán libertad para facilitar el aprendizaje por nuevas vías.

Y esto tiene que suceder. Hay una nueva generación que ya utiliza tecnologías de apoyo -en concreto la tableta y teléfono móvil- en todo momento, salvo cuando están en la escuela. Aprenden continuamente desde estos dispositivos.

Sin embargo, la resistencia a estas ideas es poderosa. La ejerce una generación anterior movida por el deseo subconsciente de volver a la década de los veinte del siglo pasado, un tiempo que identifican como el mejor de la historia del mundo.

Han interpretado mi frase «los niños no necesitan que se les enseñe ortografía» en el sentido de «los niños no deben aprender ortografía». Y lo mismo sucede con la gramática.

Quienes utilizan correctores ortográficos no se están equivocando siempre. Si alguna vez escriben mal una palabra, suelen escribirla bien una vez que el verificador ortográfico corrige el error. Entonces, la tecnología de apoyo se convierte en herramienta de aprendizaje. Sucede lo mismo con muchas modalidades distintas de tecnología de apoyo. Si usted utiliza un navegador GPS para ir a un lugar por primera vez, no es muy probable que usted vuelva a utilizarlo para ir al mismo lugar. Ya sabe cómo llegar. Si usted utiliza You Tube para cocinar una receta en una ocasión, no volverá a recurrir a You Tube para preparar el mismo plato, porque ya ha aprendido a hacerlo.

Los niños, y quizás también los adultos, que utilicen un corrector ortográfico o gramatical aprenderán continuamente ortografía y gramática de un modo cómodo y funcional. Con ello los profesores tendrán más tiempo para dedicarse a enseñar, centrándose en las cuestiones más conceptuales que la tecnología, por el momento, no puede abordar.

Los más jóvenes, casi con unanimidad, están muy agradecidos por estas ideas. Uno de ellos escribió «K guay».

Esto hoy se considera deficiencia gramatical. Debería haber escrito «Me gusta tu propuesta y la considero interesante». Esta habría sido la gramática «correcta”, la de principios del siglo XX. Algo más antiguo tampoco sería «correcto». Por ejemplo, «Señor, cuánta razón tenéis» se consideraría bastante fuera de lugar. ¿Quién decidió que el inglés de Oxford de principios del siglo XX es el único inglés «correcto»?

Es la generación de mediana edad que ha creado dispositivos con teclados minúsculos que hacen que teclear sea casi imposible. La respuesta de las generaciones más jóvenes ha sido la de crear un lenguaje de SMS que resuelva el problema. Merecen un aplauso por ello.

Si respondemos en un examen utilizando el inglés de Shakespeare, suspenderemos. Si respondemos en un examen utilizando lenguaje de mensajes de texto, suspenderemos. Algo no funciona bien en un mundo en que el inglés de Shakespeare es tan inapropiado como el lenguaje utilizado en los mensajes de texto.

El sistema de exámenes se ha quedado obsoleto y también lo están los profesores que se ven condicionados a aplicarlo.

Lee el primer artículo (1 de 4): Reforzar la enseñanza mejorando la movilidad profesional

Lee el segundo artículo (2 de 4): Los mejores profesores ofrecen afecto y orientación 

Lee el tercer artículo (3 de 4): Los profesores no son necesarios para ofrecer conocimiento

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