¿Todos los estudiantes deben aprender a codificar? Pros y contras

¿Todos los estudiantes deben aprender a codificar? Pros y contras

"La capacidad de escribir y entender lenguajes de programación, según dicen, es cada vez más importante para comprender cómo abrirse camino, por no decir triunfar, en una sociedad moderna en la que cada vez con mayor intensidad nuestras vidas se ven facilitadas o limitadas por la acción de dispositivos y sistemas de información que funcionan basados en códigos informáticos."


 

El siguiente artículo ha sido escrito originalmente para WISE ed.review. Para leer el artículo original en inglés, haga clic aquí. Sigue la actualidad de WISE en @WISE_es.

Este artículo es parte de una serie desarrollada alrededor del siguiente tema de debate: ¿Todos deberíamos aprender código? (parte 4 de 4).

Mr. Michael Trucano

 

Sr. Michael Trucano
Especialista Sénior en TIC y Políticas de Educación del Banco Mundial (Washington, D.C.)

 

 

«Aprender código», hay quien dice, es la «nueva alfabetización». La capacidad de escribir y entender lenguajes de programación, según dicen, es cada vez más importante para comprender cómo abrirse camino, por no decir triunfar, en una sociedad moderna en la que cada vez con mayor intensidad nuestras vidas se ven facilitadas o limitadas por la acción de dispositivos y sistemas de información que funcionan basados en códigos informáticos.

En países como Estonia y el Reino Unido, los alumnos de Primaria se encuentran ahora con que la ciencia computacional forma parte del currículo nacional. Reconociendo la importancia creciente de las competencias en programación, y de los empleos del sector IT en general, para sus economías nacionales, los agentes políticos de muchos otros países evalúan los esfuerzos de formación en programación en el ámbito que les corresponde.

¿Todos los estudiantes deben aprender a codificar?
Los defensores a menudo aducen alguno de los argumentos siguientes para defender las iniciativas de programación en la educación:

1. Formar en programación ayudará al estudiante a adquirir competencias profesionales que son actualmente demandadas por el mercado laboral.
«Fíjense en todos los empleos relacionados con las TI disponibles en el mundo», dicen los defensores. « ¿No deberían nuestras escuelas preparar específicamente a los estudiantes para poder optar a dichos empleos? Por su parte, los críticos alegan que muchos de los esfuerzos relacionados son, en la práctica, una pérdida de tiempo: porque se centran en desarrollar procesos principalmente mecánicos que pueden aprenderse fácilmente en otros lugares; hay más preocupación por las competencias relevantes para el mundo laboral de hoy, no de mañana. Iniciativas semejantes suelen impulsarse desde el sector empresarial (un sector frente al que los críticos se muestran reticentes), y muchos de los esfuerzos tienen escaso valor pedagógico en sí mismos. (A menudo se mencionan con cierto desdén proyectos pretendidamente relacionados con la programación que, en realidad representan muy poco aprendizaje más allá del uso de herramientas de oficina básicas como son los procesadores de texto y el software para presentaciones.)

2. La programación ayuda a desarrollar competencias lógicas y de resolución de problemas.
Pocos razonarían en contra de que, enseñando bien, la educación en programación puede contribuir de forma importante a desarrollar competencias de pensamiento lógico y resolución de problemas. En respuesta, los críticos sostienen que los estudios de programación no ostentan el monopolio en el desarrollo de dichas competencias y que, de hecho, tales competencias deberían incardinarse en un currículo completo, en lugar de ser el centro de una única asignatura escolar.

3. Comprender la programación ayuda a los estudiantes a comprender mejor la naturaleza del mundo que les rodea, y a entender cómo y por qué cada vez más partes de aquel funcionan como funcionan.
Ahí tiende a haber, creo, menos desacuerdo, aunque quizás merezca la pena destacar que muchos de los que critican los esfuerzos educativos en enseñar a programar, no comprarían la totalidad del razonamiento. Los que lo aceptan pueden, sin embargo, oponer que ahí hay un coste de oportunidad: si añadimos la programación al currículo obligatorio para todos los estudiantes, ¿qué obtenemos?

4. Enseñar a los estudiantes a programar puede servir como vía de acceso para posteriores estudios en temas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) y, si es posible, a empleos y carreras en campos relacionados.
Quizás sea cierto, responderán los críticos, pero ¿es ésta la «mejor» vía de acceso? Si la programación no se enseña bien, ¿puede llegar a disuadir a algunos estudiantes de continuar estudiando temas relacionados con las STEM y, en consecuencia, a disminuir la posibilidad de que prosigan con carreras relacionadas? ¿Es la formación en programación impartida en las escuelas realmente una vía de acceso a la programación? ¿O es, por el contrario, mero «eduentretenimiento» -algo que hacer con los ordenadores que las escuelas han comprado y a los que todavía no se sabe qué uso productivo asignar-?

5. Poder programar ofrece nuevos espacios para la creatividad y la expresión creativa.
Los esfuerzos para impartir competencias en programación a jóvenes estudiantes a través del uso de herramientas como Scratch, o como parte de cursos de robótica o de iniciativas para promover el «saber hacer», a menudo se citan como ejemplos convincentes de lo que unos esfuerzos (efectivos) de educación en programación deberán incluir. Aquí, una vez más, muchos críticos pueden loar estos esfuerzos. Sin embargo, aducirán que, incluso aceptando que la enseñanza del código es una nueva alfabetización en nuestro mundo cada vez más saturado en tecnología, sigue valiendo la pena formularse dos preguntas básicas antes de proceder con nuevas iniciativas en programación en la educación de carácter obligatorio y a gran escala. ¿Cómo nos va con las antiguas alfabetizaciones básicas de lectura, escritura y aritmética? ¿No deberíamos asegurarnos de que estas «competencias en alfabetización» básicas están bien implementadas antes de asumir otras nuevas en nuestros ya abultados currículos?

Cuando un gran profesor trabaja con un alumno con ganas de aprender y motivado por la programación y le apoya en la tarea, se hace difícil continuar rechazando este tipo de actividad. El «éxito» educativo, al fin y al cabo, es en gran modo una apelación a la curiosidad inherente del estudiante (¡no una asfixia!). Otra cosa es si hablamos de una situación en la que el estudiante tiene un interés bajo o nulo y se le hace aprender y practicar de memoria diversas órdenes y acciones bastante básicas acerca de «cómo hacer que un ordenador haga algo», con la intervención de un profesor que no conoce la asignatura, y de una situación en la que «algo» tiene que ver principalmente con hacer cosas como cambiar el tamaño de las fuentes en un Powerpoint. En tal caso, esto es algo que quizás nadie debería aprender en la escuela como parte del currículo. Pero entre un extremo y el otro hay bastante espacio en el que las cosas pueden ser bastante más interesantes, y complicadas.

Considerando la amplitud del área central, supongo que yo tendería a ver las cosas un poco como Roger Schank, pionero en inteligencia artificial, según el cual «Cualquier científico cognitivo que se precie sabe que lo que cuenta no son asignaturas como el álgebra o la química. Lo importante son las capacidades cognitivas». Lo mismo sirve, diría yo, cuando hablamos de programar.

Como actividad extracurricular o de ampliación de conocimientos en los sistemas educativos que ya funciona bien en la promoción del desarrollo de las competencias de alfabetización básica, la introducción de esfuerzos para promover la programación en las escuelas parece bastante razonable, especialmente cuando tales esfuerzos contribuyen a animar o estimular a estudiantes que de otro modo estarían desinteresados; especialmente cuando dichos estudiantes, ya sea por cuestión de tendencia, discriminaciones o estereotipos, podrían no ser considerados (o incluso no considerarse a sí mismos) como candidatos para aprender tales cosas. En lugares en los que se libran todavía grandes batallas por ayudar a los estudiantes a desarrollar las competencias básicas de alfabetización, no obstante, especialmente en países de rentas medias y bajas, no debería sorprendernos si muchos agentes políticos consideran que los esfuerzos en programación son, tal como una vez me comentó uno de ellos, un «lujo» que ahora mismo no pueden permitirse.

Sea cuál sea la situación o el contexto, sospecho que el modo como una persona responde a muchas de las cuestiones que planteamos en este artículo puede estar un poco teñido por la visión que tiene del proceso de educación y de la actividad de aprendizaje, en sentido más amplio.

Mike Trucano (@trucano) es Especialista Sénior en Educación en el Banco Mundial. Los puntos de vista aquí expresados (que son una adaptación de un artículo más extenso que estará publicado en el blog de Tecnologías de la Educación del Banco Mundial) son las del autor, sin que puedan interpretarse como la opinión del Banco Mundial.

Lee el primer artículo (1 de 4): Decodificando: “Todos deberíamos aprender código”

Lee el segundo artículo (2 de 4): De consumidores de tecnología a agentes del cambio

Lee el tercer artículo (3 de 4): Codificar para llegar a ser pensadores creativos

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